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    La historia de una idea: Fracttal

    La de Fracttal, es una historia de trayectoria, observación y sentido común.

    Aún sin conocerse, y con diferentes experiencias profesionales y aproximaciones al mundo de la gestión del mantenimiento, Chris Struve y Alejandro Pérez habían identificado la misma necesidad, y tenían una idea común sobre cómo resolverla.

     

    Observación y sentido común 

    Chris Struve inicia su trayectoria en el mundo de la gestión del mantenimiento a los 21 años. Luego de titularse como Ingeniero de Sistemas, e iniciar su carrera en una gran consultora internacional auditando software ERP, se emplea como director de tecnología de información en una empresa manufacturera, donde comienza a experimentar de primera mano uno de los dolores de cabeza operacionales del día a día de este tipo de empresas; la gestión de activos y mantenimiento de sus plantas productoras.

    Posteriormente, decide participar como cofundador de una empresa de consultoría, con el objetivo de apoyar a grandes y medianas empresas en la implementación de software de activos y mantenimiento.

    Durante los siguientes 7 años, participó en más de 300 proyectos de implementación en hoteles, facilities, hospitales, compañías energéticas, de servicios, transporte, minería y manufactura en toda América Latina. Fue precisamente ésta, la experiencia que le ayudó a ver de cerca las necesidades de mantenimiento de las empresas de la región.

    La marea estaba cambiando, y mientras el mundo de la tecnología evolucionaba vertiginosamente, el área de la gestión de mantenimiento se quedaba estancada.

    Las soluciones World Class, como las que él había auditado e implementado durante años, comenzaban a quedar obsoletas, y seguían siendo absolutamente inasequibles para una enorme cantidad de empresas.

    Chris comprendía que la gran mayoría de las empresas que constituyen el ecosistema empresarial de un país son pequeñas y medianas empresas, y son precisamente éstas las que carecen del presupuesto para invertir miles de dólares en la adquisición de soluciones World Class para gestionar el mantenimiento de sus activos.

    El tipo de soluciones altamente eficaces y económicamente asequibles que estas empresas necesitaban no estaba disponible en el mercado.

    Durante sus años de implementación, Chris observó cómo en la mayoría de estas empresas pequeñas y medianas, la gestión de mantenimiento continuaba siendo un área completamente desatendida o inexistente.

     

    Deficiencias y oportunidades

    A pesar de conocer al detalle las deficiencias de las soluciones World Class, y las dificultades que enfrentan las empresas de todos los sectores productivos o de servicios, no es sino hasta febrero de 2014 cuando Chris decide, en medio de un viaje a California, dar el salto de fe y abandonar la comodidad de una empresa que le ofrecía seguridad económica, para lanzarse a la aventura de emprender.

    “El cambio ocurre un par de meses antes de que decidiéramos dar inicio a la empresa. En febrero de 2014, tuve la oportunidad de viajar a California y conocer San Francisco, Silicon Valley, Mountain View, Palo Alto, y visitar estas grandes empresas tecnológicas como Google, LinkedIn, Facebook y Twitter. Ahí pude ver de frente el alcance que puede tener una idea. Es decir, esa disrupción que una idea puede generar en cada una de sus áreas, fue algo realmente inspirador para mí. Esto me motivó a dejar de ser un implementador de soluciones hechas por otros, para convertirme en un desarrollador, para comenzar a crear soluciones a los problemas que estaba viendo repetirse una y otra vez a lo largo de los años.”.

    Chris tenía un objetivo claro, y era dotar de inteligencia en mantenimiento a empresas de cualquier tamaño y sector productivo, sin importar qué tan grande o pequeña fuese.

    El reto detrás de la idea era desarrollar un producto nuevo, que superando las potencialidades de una solución World Class, fuera la mejor opción disponible en el mercado para las empresas más grandes, siendo al mismo tiempo asequible para las empresas medianas y pequeñas.

     

    Un nuevo modelo de negocios y producto adaptable

    Así nace la idea inicial de Fracttal, no solo de la necesidad de brindar una solución a un precio completamente diferente, o de abarcar en un mismo producto las necesidades de empresas de cualquier tamaño y sector productivo, sino también de la inquietud de ofrecer un producto con una interfaz de usuario completamente diferente, haciéndolo fácil de usar e implementar.

    Con la revolución y consolidación del Cloud, se dispusieron las condiciones perfectas para ejecutar una idea con estas características. Todo era cuestión de comprender el alcance de las posibilidades y diseñar el nuevo producto.

    El almacenamiento en servidores remotos y las nuevas posibilidades para el procesamiento de datos, le permitirían diseñar una solución de alta calidad, de muy fácil y rápida implementación, y sin necesidad de contar con servidores propios, ni de preocuparse por temas de energía o backups.

    “Esta fue una idea fija en mi cabeza durante un tiempo. Por su cuenta, Alejandro tenía las mismas inquietudes, y venía trabajando desde hacía algún tiempo el tema de los softwares para la gestión de activos, e incluso había diseñado un prototipo.”.

    Chris tenía una visión clara del panorama. La idea había tomado forma, ahora todo era cuestión de ingeniar un plan para ejecutarla.

     

    Un objetivo ambicioso.

    La inspiración no lo es todo, y la ejecución de una idea implica estrategia, disciplina y tenacidad. Para Alejandro Pérez, este sería el aprendizaje extraído del emprendimiento y la experiencia.

    Alejandro nunca pensó en emprender, y a pesar de estudiar en una universidad de Medellín cuyo contenido curricular privilegiaba la idea del emprendimiento, ésta no era una de sus preocupaciones.

    Su objetivo, mientras cursaba estudios en la carrera de Ingeniería Electrónica y se convertía en campeón nacional de robótica de Colombia, era educarse para el empleo y unirse a la necesidad laboral del país.

    Sin embargo, una vez titulado y luego de participar en el equipo que desarrolló la primera unidad de monitoreo satelital de Colombia, decide atender la propuesta de un compañero formado para el mantenimiento y la reparación de equipos biomédicos, e iniciar un emprendimiento juntos.

    Como cofundador de una pequeña empresa de mantenimiento de equipos biomédicos, y en su experiencia e interacción con los clientes, Alejandro identifica un problema.

    “Habíamos creado una empresa para hacer gestión del mantenimiento en el sector biomédico. Cuando realizábamos el mantenimiento de un equipo médico, o íbamos a ofrecer un producto a un cliente, notábamos que las empresas y los hospitales no tenían un sistema eficiente para ordenar la información y controlar el mantenimiento de sus equipos. Nosotros, cuando mucho, les entregábamos un documento que certificaba que habíamos realizado el trabajo, pero no teníamos acceso a una información ordenada que nos ayudara a saber qué era lo que teníamos que hacer.”.

    El registro de las tareas de mantenimiento o reparación de los equipos era completamente manual, en papel. En los casos más elaborados, se llevaba el control usando hojas de cálculo.

    Alejandro identificó la carencia tecnológica del sector de gestión del mantenimiento, y comprendió que solo las empresas más grandes tenían acceso a la tecnología existente para efectuar este tipo de gestión y control.

    “Desde hacía mucho tiempo existían ya los softwares de mantenimiento, pero usualmente los ocupaban las compañías de aviones, las petroleras y las empresas más grandes del mundo. Normalmente, las empresas pequeñas no podían ni pueden pagar miles de dólares para implementar este tipo de soluciones”.

    Un emprendimiento como el que había cofundado Alejandro necesitaba, por la naturaleza misma del servicio que ofrecía a sus clientes, de un software para la gestión del mantenimiento de equipos biomédicos. Una solución con las complejidades necesarias, pero ajustado a un presupuesto y a una empresa tan pequeña, era algo que simplemente no existía en el mercado.

    Esta necesidad impulsó a Alejandro a tomar el asunto en sus propias manos, y si no existía un producto que se ajustara a sus necesidades, nada le impedía crear la solución a sus problemas.

    “Entonces me dije a mí mismo, voy a hacer un software para solucionar mi necesidad. Esta sería la forma de automatizar el proceso y entregar a mis clientes un trabajo más organizado, para que así ellos pudieran saber exactamente qué necesitaban de nosotros, y hacernos peticiones precisas.”

    Alejandro desarrolló Huitoto, su propio software, y comenzó a gestionar el mantenimiento de los equipos de sus clientes, haciendo uso de su propia solución. Pero al cabo de un par de años, y como consecuencia de la quiebra de uno de sus clientes más grandes, se vio en la necesidad de cerrar operaciones.

    A pesar del cierre de su primer emprendimiento, Alejandro supo que se traía entre manos lo que podría convertirse en un plan B. Lo que nació como la solución a un problema específico de su emprendimiento anterior, bien podría convertirse en el aliento de vida para un segundo momento de emprendimiento.

    Con el objetivo de desarrollar un software para la gestión de mantenimiento más completo, económico y asequible para todas las empresas, decide permanecer fuera del campo laboral durante varios meses. Así, podría enfocarse en la maduración de su idea.

    Seis meses más tarde, al formar parte de un programa intensivo de aceleración en Colombia, Alejandro comprende que para materializar su idea necesita abstraerse del ámbito comercial local en el que estaba enfocado, y apuntar a un target comercial más universal.

    Además de superar la localidad de su idea, también comprendió que debía trabajar tras aspectos fundamentales de los que venía adoleciendo.

    El primero tenía que ver con el trabajo en equipo. Al ser el único proyecto de Start Up presentado como solo-founder, Alejandro recibe un consejo que permanecería con él hasta el día de hoy, y es que las buenas ideas no son realizables si no se cuenta con el apoyo necesario.

    “En ese momento entendí que tú no puedes hacer algo grande si estás solo. No puedes hacer algo bueno si estás solo”.

    La segunda tenía que ver con el presupuesto. Para trabajar solo, no se necesita demasiado dinero, pero para conformar un equipo de trabajo era absolutamente indispensable contar con los fondos que les permitieran dedicarse de lleno al diseño y desarrollo de un producto más completo y verdaderamente viable, sin preocuparse de nada más.

    La tercera era la ejecución, y es simple saber por qué; el tiempo es dinero, y hacer buen uso del tiempo implica obtener los mejores resultados a cambio del dinero que se invierte en un equipo trabajo. Así que el éxito en la ejecución de una idea dependía del buen uso de los recursos humanos y metálicos, pero sin equipo ni dinero, la ejecución era tácticamente imposible, algo poco menos que buenas intenciones.

    Entonces, sobrevino el desánimo. El comprender que ni las buenas ideas son ejecutables sin el equipo, ni el dinero que otorga tiempo y libertad para trabajar, empujó a Alejandro a guardar su idea por un período breve de tiempo.

    Solo seis meses ejerciendo como desarrollador en otra empresa, le bastarían para comprender que no había vuelta atrás. El emprendimiento previo dejó en él una impronta muy clara y, sin darse cuenta, había escogido ya el camino del empresario.

     

    El equipo, el dinero y la ejecución.

    Como si se tratarse de una ecuación para el éxito, Alejandro Pérez comenzó a disponer las variables de su aprendizaje en una fórmula. Necesitaba apoyo táctico, recursos y una visión globalizada y experta del negocio, que le ayudara a sumar dimensiones a su prototipo y navegar el mercado de la gestión de mantenimiento en el que se planteaba incursionar.

    Debía conseguirlo todo en un mismo lugar, y eso no parecía fácil. La persona que contara con todas estas capacidades debía, además, confiar en su proyecto, compartir su visión respecto al presente y al futuro de la gestión de mantenimiento, y su interés de atender, no solo las necesidades de las empresas grandes, sino también de las medianas y las más pequeñas.

    Por eso, sigue siendo objeto de asombro para Chris, el hecho de que una simple investigación, llevara a Alejandro a contactarlo para plantearle una posible sociedad.

    “Estas cosas son difíciles de creer hasta que no te ocurren a ti. Yo tenía una idea clara de qué quería hacer y a dónde quería ir, tenía un pensamiento fijo en mi mente, y un día cualquiera encuentro en mi bandeja de entrada un correo de Alejandro, que me cuenta su historia y que me plantea la posibilidad de conocernos y comenzar un nuevo emprendimiento juntos. El timing y la sincronía de todo esto, es algo que me sigue sorprendiendo aún ahora”.

    Después de varias reuniones vía Skype, y de intercambiar visiones y mucha información a través de correos electrónicos, acordaron el traslado de Alejandro a Santiago de Chile donde reside Chris.

    “Justamente en abril de 2014, él decide viajar a Chile, para conocernos y discutir mejor el asunto. Fue allí donde realmente nos dimos cuenta de que podíamos ser socios y emprender algo juntos.”.

    En su primera reunión definen aspectos tan esenciales como el nombre de Fracttal (que escogen por diferentes motivos, pero sobre todo por razones matemáticas), crean y compran el dominio, reservan las cuentas en las diferentes redes sociales y dan el kickoff a la idea.

    En los meses siguientes, se ocuparon de trabajar sobre la base del prototipo Huitoto, que Alejandro había comenzado a diseñar desde su primer emprendimiento.

    Aunque Huitoto todavía era un prototipo muy básico, que no llegaba a ser un producto mínimo viable (MVP), la tecnología en la que estaba diseñado, y la visión del producto que era 100% tecnología web ejecutándose en la nube y mejor aún, en un Software como Servicio (SaaS), fue lo que realmente atrajo el interés de Chris. También le hizo comprender que Alejandro Pérez era la persona con las competencias técnicas para llevar a cabo la idea y que juntos podrían conformar un excelente equipo.

     

    Friends, family and fools

    Mientras Chris se preparaba para renunciar a su trabajo anterior e invertir todo su tiempo y ahorros en el diseño del nuevo producto, Alejandro finiquitaba los detalles de su vida en Colombia para mudarse a Santiago de Chile.

    Su experiencia como implementador llevó a Chris a observar durante años las necesidades de empresas de todos los tamaños y rubros. El hecho de conocer de cerca las debilidades y fortalezas de las soluciones tradicionales para la gestión de mantenimiento y activos le ayudó a tener una idea nítida de lo que quería y lo que no quería ofrecer a sus clientes.

    Agregando el valor de años de experiencia a los mockups, Chris se concentró en la arquitectura del software, en diseñar la estructura funcional de la solución que deseaba ofrecer, mientras Alejandro dedicaba días y noches a la programación y ejecución de las ideas comunes y el producto.

    Juntos, deciden postular su idea presentando el nuevo prototipo de Fracttal a Start-Up Chile, programa en el que fueron admitidos, resultando finalmente vencedores del Demo Day Generación 2015.

     

    fracttal-startup-chile-demo-day-2015

     

    Para Chris, esta experiencia les ayudó a validar la idea, les ayudó a saber que iban por el camino correcto, pero también a ganar visibilidad y clientes.

    “Obviamente, como toda empresa, comenzamos con prototipos, y con un software que no era ni remotamente el que hemos desarrollado hasta el presente, pero ya podíamos tener clientes, y con esos clientes llegamos a un nivel de facturación que nos permitió participar también en Start-Up Scale, que es el segundo programa de Start-Up Chile. Entonces, pudimos obtener más fondos que nos ayudaron a crecer, a contratar más personal de desarrollo y ventas. Tal como lo indica el nombre, fue ahí que comenzamos a escalar realmente.”

    Luego de Start-Up Chile Scale, y con un equipo que comenzaba a crecer con la incorporación de Sergio Ramírez y Laura Peña, siguieron participando y ganando en diversos programas de emprendimiento. Se convirtieron en partners regionales de Intel, y en ISV de Microsoft. También resultaron ganadores en el proyecto mexicano de emprendimiento Nave Axtel y en el concurso chileno Emprende Claro, eventos que ayudaron a generar visibilidad y tracción hasta comenzar a recibir propuestas de diferentes inversores.

    Hoy en día, Fracttal se enorgullece de su crecimiento. Cuenta con una inversión Serie A de Scale Capital a través del fondo Amérigo Chile y clientes en más de 22 países, entre los que se cuentan cerca de 400 empresas con más de 7.000 usuarios.

    Pero son dos los logros más determinantes, que resumen de alguna manera la historia de Fracttal.

    El primero, va más allá de captar nuevos clientes en la pequeña y mediana industria, y es que, cumpliendo su meta de desarrollar un producto de tan alta calidad, han comenzado a ganarse la preferencia, incluso, de las empresas más grandes, capaces de invertir miles de dólares por una solución tradicional para gestionar el mantenimiento de sus activos.

    El segundo, es haber sido capaces de engranar un verdadero equipo de trabajo, con personas geniales que hoy integran las oficinas de Santiago, Medellín y Río de Janeiro. Sin ellos, no hubiese sido posible iniciar la aventura que apenas comienza.

     

    Fracttal equipo

     

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