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El mantenimiento preventivo como cultura de trabajo

La necesidad de corregir lo que se ha desviado de su funcionamiento normal o de preservar lo que ya funciona correctamente es tan antigua como la historia de la humanidad. Sólo basta considerar que la interpretación sobre lo que nos rodea proviene de la proyección que tenemos sobre nosotros mismos. Y si corregimos y preservamos nuestras herramientas de trabajo y los lugares donde habitamos es porque ya lo hemos hecho antes con nuestra salud, que es nuestro primer y principal activo. De ahí que exista una analogía directa entre el oficio médico y el trabajo de los ingenieros de mantenimiento.

¿Qué es el mantenimiento preventivo?

La experiencia indica que ante la primera desviación que observamos en nuestro entorno, generalmente optamos por su corrección para regresar al escenario que consideramos normal o adecuado. Cuando la desviación es inevitable, se repite y se hace recurrente o periódica, entonces nos anticipamos a ella. Es decir, intentamos prepararnos para que la desviación no ocurra de nuevo, o para que cuando ocurra sea más sencilla de normalizar o corregir. En el contexto de la preservación de activos, a esto se le conoce como mantenimiento preventivo.

En efecto, con el mantenimiento preventivo conservamos equipos o instalaciones que están en funcionamiento o están operativas, respectivamente. La premisa fundamental es la de anticipamos a la falla (a la desviación de su funcionamiento), y para ello, necesitamos de una estrategia y planificación en función de lo que queremos conservar y sobre cómo debemos hacerlo. De ahí la necesidad de un plan de mantenimiento, y dentro del mismo, un organigrama de trabajo.

En la literatura técnica encontraremos con frecuencia que el mantenimiento se divide en correctivo, preventivo y predictivo. Si bien es cierto que es útil esquematizarlo así desde el punto de vista académico, en la práctica el jefe de mantenimiento se conduce mejor a través de estrategias mixtas adecuadas, aterrizadas al contexto de los activos particulares a conservar, y estipuladas en el plan de mantenimiento. Así la praxis del mantenimiento podría ponderarse en función de:

  • Especialización: cuál es la disciplina profesional adecuada para abordar el problema. Típicamente es personal mecánica, electricista, instrumentista o civil.
  • Alcance: si los activos a conservar necesitan sólo de un diagnóstico cualitativo, revisiones y pequeñas sustituciones; o más bien será necesario una parada o desmontaje completo.
  • Momento de la falla: básicamente se refiere a que se debe realizar el mantenimiento antes de que ocurra la falla (mantenimiento sistemático o preventivo) o después de que ocurra (mantenimiento correctivo).

Algo de lo que no se habla mucho es que las estrategias de mantenimiento preventivo obedecen a una cultura previa de trabajo, principalmente la derivada del estilo gerencial del jefe de mantenimiento. Mientras más metódico y planificador sea este gerente, más preventiva será su gestión. Esto va acompañado de un claro entendimiento de sus funciones.

Encontraremos, por ejemplo, que aunque es muy importante que el responsable de este cargo haya sido un excelente técnico en su carrera profesional, no es su trabajo el de arremangarse la camisa e intervenir directamente en las tareas operativas. Empero, sus responsabilidades serán técnicas, organizativas y financieras. Debe ser el vigilante de que las planificaciones se ejecuten a fin de cumplir con los objetivos de disponibilidad, fiabilidad y coste del mantenimiento.

En contraste, un jefe de mantenimiento que, quizás con buenas intenciones, quiera liderar con el ejemplo y asumir para sí varias tareas operativas, se verá muy pronto inmiscuido en tantos detalles que no tendrá oportunidad de planificarlas, lo cual lo conducirá inevitablemente a un estilo de apaga-fuegos o, en pocas palabras, de sólo resolver las incidencias a través mantenimientos correctivos. Volviendo a la analogía con la medicina, con el mantenimiento preventivo hay que comportarse como el médico que diagnostica y prescribe durante una serie de consultas periódicas, y no como el médico que realiza intervenciones quirúrgicas de emergencia.

El estilo preventivo también se expresa en el organigrama de trabajo. Las labores se han dividido tradicionalmente por disciplinas (mecánica, eléctrica, instrumentación, etc.), y aunque esto ha resultado bien para muchas empresas, la tendencia actual es la gestión con base al diagnóstico. En este esquema se privilegia la planificación de las actividades a través de tres departamentos: Ingeniería, Diagnóstico y Ejecución. En el primero se planifican todas las paradas y estrategias, el segundo realiza una supervisión periódica de posibles averías y estatus actual de los activos, y el tercero ejecuta las labores de mantenimiento preventivo. A veces se le conoce a esto como mantenimiento basado en condiciones, aunque en el fondo, se trata de filosofía o cultura de mantenimiento preventivo holística, expandida desde lo operativo hasta lo gerencial.

Lo preventivo implica una gestión del futuro. Conocer de antemano cuál es el mantenimiento programado y planificarnos para su ejecución. Pero también es importante conocer el pasado de los activos: saber qué ha ocurrido con las máquinas y equipos, quién las intervino y cuándo, cuáles se repusieron, de dónde vinieron, entre otros datos.

Acorde con el mismo espíritu metódico y planificador, sería necesaria la ayuda de un software de mantenimiento. Muchas de estas tareas se recogen en hojas de cálculo y plantillas varias, pero un software especializado puede optimizar los procesos de decisión a través de datos cuantitativos de lo que ocurre y ha ocurrido con los activos a conservar. Son muy conocidos los indicadores de gestión o KPI de mantenimiento que ayudan a diseñar casi automáticamente los planes de mantenimiento a partir de los datos. Desde luego, dichos indicadores pueden adaptarse a la realidad de la operación, se trate de una planta de procesos, de un hospital o de un taller de mecanizado. Las ventajas adicionales de contar con un software es la digitalización de las operaciones, la movilidad obtenida con las aplicaciones (para supervisar el trabajo desde cualquier lugar y conocer cuál es el estatus) y la posibilidad de respaldar el trabajo con fotografías y vídeos.

En suma, además de todo lo que se ha dicho sobre el mantenimiento preventivo, siempre será importante recordar que la planificación de las actividades obedece a una cultura de trabajo y no sólo a una metodología de mantenimiento. La operación ininterrumpida de los activos, o al menos su funcionamiento dentro de los parámetros esperados, depende de la anticipación y planificación con la cual afrontemos todas las actividades, tanto técnicas como comerciales, dentro y fuera del área de ingeniería.

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